¿Sabemos desconectar?

Mientras disfrutaba de ese sencillo placer que supone tomarse algo en el centro de mi pueblo, me dispuse a leer el periódico. ¿Qué hay de nuevo en el mundo? No mucho: corrupciones políticas, Gripe A, crisis, más corrupción…

No soy muy debota de leer con atención los artículos, ya que la mayoría se centran en esos temas banales que explotan los medios a bombo y platillo, sin embargo, hoy podría decir que me topé con algo interesante: “¿Sabemos desconectar? Desconectar sin apagarse”, ese era el título.

¿Desconectar? ¿Dejar la mente en blanco? Algo complicado, ya que la mente no deja de pensar en ningun momento, pero posible. El autor nos introducía hacia la materia con unas simples historias ejemplares que os relataré a continuación:

1.“Iban dos monjes por el campo y al llegar al río se encontraron con una geisha. ‘¿Quiere que la ayudemos?’. Ella asintió. El monje más anciano la cargó sobre sus hombros. Se despidieron. Al cabo, el más joven dijo: ‘¿Qué habrán pensado quienes te hayan visto?’. El maestro zen se volvió y sonrió: ‘¡Ah, ¿pero aún la llevas encima?'”

‘¿Qué habrán pensado quienes te hayan visto?’

2. “En el aeropuerto de Frankfurt una niña lloraba amargamente. Estaba con los abuelos, se despedía de su mamá. Viajó en silencio, entretenida con un cuadernillo de dibujos. En Berlín reía ante una puerta de cristal. Había descubierto a papá. Ni caso a los abuelos. En Frankfurt tocaba llorar, en Berlín, reír. Neurótico, cruel hubiera sido reír en Frankfurt ante la mamá, llorar ante el papá en Berlín. En cada momento la emoción oportuna, no viaja con la maleta de un aeropuerto a otro”

‘En cada momento la emoción oportuna,
no viaja con la maleta de un aeropuerto a otro.’

Sencillo pero de gran contenido. Con estos dos fáciles ejemplos me sentí identificada. ¿Cuántas veces nos hemos enfadado por nimiedades y hemos arrastrado ese mal humor a lo largo del día? ¿Cuántas veces hemos discutido con otras personas arrán de ese ‘mal humor’? Miles.

El artículo no solo me hizo darme cuenta de “la mochila” de preocupaciones absurdas que cargamos las personas a lo largo del día, sino que también me hizo reflexionar. ¿Qué se debe hacer para sacarse ese ‘mal rollo’?

Hoy en día existen miles de terapias para librarse de ese estrés: ejercicios respiratorios, yoga, terapias de la risa…, Incluso, en diferentes culturas, se llevan a cabo ejercicios de este tipo, como los chinos a través de los haikus [poema breve de tres versos que bromea sobre la realidad], los budistas con sus meditaciones, los taoistas…

“Los budistas dedican unos minutos a ser plenamente conscientes de algo concreto, presente, en un instante dado.”

‘Poco tiempo y mucho trabajo’, esa es la ley de hoy en día. Si le sumamos la crisis económica, nos restringe bastante el acceder a terapias mencionadas anteriormente, por eso el autor nos facilitaba un ejercicio práctico, al abasto de todos, que os pondré a continuación:

“Coja un clip, empiece a torcerlo y retorcerlo en un punto dado. Cuente los vaivenes, capte cuándo el alambra va a hacer crac. Repita el ejercicio con dos o tres clips de la misma caja. Cada uno quiebra a su tiempo. Basta con presionar en el mismo punto con los dedos. Si la apretura se ejerce sobre puntos distintos tarda mucho más en partirse.”

Habrá que probar a ver si funciona…

Aun no lo he probado, pero habrá que hacerlo para sacarnos esa tensión acumulada, ¿no?
Ya sabéis, buscad esos clips perdidos que tengáis por casa y ¡a relajarse!

Fuente: La Vanguardia – ¿Sabemos desconectar? Desconectar sin apagarse

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